Sanar la infertilidad: un camino hacia mamá
- SoltaryCrecer

- 20 jun
- 5 min de lectura
"Tu tarea no es encontrar el amor sino sólo buscar y encontrar todas las barreras que has construido en contra de él".
Rumi
Cuando una mujer desea ser madre y ese hijo no llega, no está simplemente atravesando “un problema reproductivo”, está atravesando una experiencia profundamente íntima, corporal, emocional, vincular y muchas veces espiritual.

Llegan los estudios, diagnósticos, tratamientos que conllevan invasión física y emocional, fechas y plazos, análisis, hormonas, esperas, pérdidas, intentos, ilusiones y duelos. Sanar el propio camino de la concepción asistida ya se hace necesario mientras se busca el objetivo de la maternidad.
Todo con el constante parloteo mental interior del tipo: “¿Por qué no puedo?”“¿Qué pasa conmigo?”Mi cuerpo no sirve”“¿Será que no estoy hecha para esto?” junto a un sentir de ineptitud y carencia fundamental "Todas pueden fácilmente y para mi es una odisea" llegando incluso a sentires como que se está siendo castigada por la vida o por ¡Dios en persona!.
Y en este punto quiero decirte: Detente y respira.
Todo está bien contigo, solo que tu cuerpo está funcionando perfecto para el objetivo que tu inconsciente persigue.
Los resultados que experimentas te están contando el plan de tu insconsciente biológico.
Es doloroso comprender que tu inconsciente te está "jugando en contra" al parecer, y subrayo al parecer, porque lo único que ha hecho hasta este momento este inconsciente es mantenerte con vida, y ese nunca es un mal objetivo para vos ¿cierto?
La cuestión acá es ¿Por qué tu inconsciente creería que es peligroso concebir y ser madre?
En los procesos de sanación profunda, especialmente cuando miramos la infertilidad desde una mirada biológica, emocional y transgeneracional, aparece una puerta muy importante: el vínculo con mamá.
Y desde ya aclarar que mamá no es “la culpable” y no porque haya que justificar todo lo vivido, ni que debamos negar el dolor, la ausencia, la frialdad, la invasión, el abandono o la exigencia si fue el caso. Sino porque mamá representa, en nuestra biología y en nuestro inconsciente profundo, la maternidad que ahora buscas representar.
Antes de tener ideas, antes de tener palabras, antes de saber quié eras, fuiste una con tu madre. Sentiste lo que ella, experimentaste los eventos del mundo tal y como ella los comprendió, asumió, aceptó o rechazó.
De ella recibiste el primer alimento, el primer ritmo, el primer sonido, la primera percepción de seguridad o de amenaza; su cuerpo fue tu primer mundo. Su vientre fue tu primera casa.
Y aunque en la adultez puedas decir: "siempre me llevé super bien con mi madre", “yo ya trabajé mucho a mi madre”, “yo ya la entendí”, “yo ya la perdoné” o incluso “ahora me llevo bien con ella”, muchas veces el cuerpo guarda memorias más antiguas que nuestras conclusiones mentales y sobre todo guarda una imagen interior de tu madre, un espacio psiquico y emocional que ocupa el significado de "madre".
La mente puede decir: “ya está”.Pero el inconsciente y la memoria de tus células puede seguir preguntando: ¿Estoy en paz con convertirme en "madre"? (es decir ¿convertirme en mi madre?)
“¿Es seguro ser madre?”“¿Es seguro alojar vida?”“¿Es seguro abrirme a recibir?”“¿Es seguro parecerme a mi madre?”“¿Es seguro parir? ¿Se amarga la vida cuando se tienen hijos?""¿Los hombres se quedan con las mujeres que son madres en esta familia?”, etc.
Desde una mirada transgeneracional, la infertilidad no se mira solamente como algo individual. Se mira dentro de una red. Una mujer no llega sola a su deseo de maternidad. Llega con su historia, con las mujeres de su árbol, con los duelos no llorados, con los partos traumáticos, con los hijos perdidos, con las madres agotadas, con las abuelas silenciadas, con los mandatos de sacrificio, con las lealtades invisibles.
A veces, en el inconsciente profundo, ser madre puede estar asociado a perderse, a sufrir, a quedar sola, a ser invadida, a no tener libertad, a sufrir abusos, a carencia económica e incluso alimenticia, a cargar con todo, a repetir una historia que una parte tuya no quiere repetir.
Y entonces aparece una contradicción dolorosa: conscientemente se desea un hijo, pero inconscientemente puede haber una parte de ti que asocia la maternidad con peligro y es este choque interno el que hace más fuerte la posibilidad de que finalmente el embarazo se logre, el conflicto se resuelva y la especie sobreviva. Es en la tensión de resolver este conflicto, es decir, en la propia existencia del conflicto que la especia pugna por seguir existiendo, lo que lleva a que sea también pertinente la pregunta ¿Realmente quieres ser madre? o ¿quizás se siente como una imposición el tener que lograrlo?

En las Constelaciones Familiares, Bert Hellinger hablaba de “tomar a la madre”. Esta frase puede sonar simple, pero es enorme. Tomar a la madre no significa estar de acuerdo con todo lo que hizo o dejó de hacaer, no significa negar el dolor, no significa volver a vínculos dañinos ni permitir abusos y tampoco significa idealizarla.
Tomar a la madre significa algo mucho más profundo: reconocer que la vida vino a través de ella. Aunque haya sido difícil, aunque no haya sabido hacerlo mejor, aunque haya estado herida, aunque te haya faltado, integrar a mamá en el corazón es dejar de pelear internamente con la puerta por donde entró la vida, y esto en un proceso de fertilidad, como en cualquier proceso de sanación, puede ser muy importante.
El útero es un espacio simbólico de recepción, de nutrición, de permiso, de continuidad y de creación. Cuando una mujer está en guerra con su origen, algo dentro de ella puede quedar dividido. Una parte quiere avanzar hacia la vida nueva, pero otra parte sigue mirando hacia atrás, esperando que mamá cambie, que mamá reconozca, que mamá pida perdón, que mamá hubiera sido otra.
Y esa espera puede doler muchísimo.
Por eso, integrar a mamá no es absolverla, es liberarnos de seguir esperando de ella lo que tal vez nunca pudo dar. Es poder decir internamente:
“Mamá, tomo la vida que vino a través de ti. Lo demás, lo voy a mirar con amor y con conciencia. Lo que fue tuyo, te lo devuelvo. Lo que fue mío, lo abrazo.Y con la vida que recibí, ahora hago algo nuevo.”
Esta frase puede parecer sencilla, pero en el cuerpo puede mover capas profundas.
Porque muchas veces no rechazamos conscientemente a mamá, pero rechazamos parecernos a ella. Rechazamos su destino. Rechazamos su forma de amar. Rechazamos su sufrimiento. Rechazamos su sometimiento. Rechazamos su historia como mujer.
Y sin darnos cuenta, en ese rechazo también podemos rechazar una parte de nuestra propia matriz femenina y tu inconsciente cargará con el significado de "Madre =rechazo" y eso hace que te mantenga lejos de la posibilidad biológica de convertirte en una.
Sanar no es decir “mi madre fue perfecta”.Sanar es poder decir: “mi madre fue mi madre”.
Con sus luces y sus sombras.Con lo que pudo y con lo que no pudo.Con su historia detrás.Con sus heridas.Con sus propias lealtades.Con sus propios miedos.
Y yo, desde mi adultez, dejo de ser solamente la hija herida que espera reparación. Empiezo a convertirme en la mujer que puede tomar la vida, aunque no haya venido envuelta como yo la necesitaba.
En Biodecodificación miramos el síntoma o el bloqueo como una señal, no una condena.
Pero sí podemos preguntarnos:
¿Qué memoria de madre cargo?¿Qué vivió mamá cuando me gestaba?¿Cómo fue su relación con su propio cuerpo?¿Cómo fue su maternidad?¿Qué lugar ocupaban los hijos en mi clan?¿Ser madre era una bendición, una carga, un peligro, una obligación, una pérdida de libertad?¿Qué mujeres de mi árbol sufrieron por maternar?¿Qué hijos no llegaron, se perdieron, fueron excluidos o no pudieron ser llorados?¿Qué parte de mí todavía dice: “no quiero repetir eso”?
Estas preguntas buscan abrir un diálogo con el inconsciente.
Fertilidad es estar disponible para la vida. Es poder recibir. Es poder crear. Es poder dejar que algo nuevo crezca sin sentir que traiciono a alguien, que repito una tragedia o que pierdo mi lugar, por eso integrar a mamá en el corazón puede ser un acto profundamente fértil, incluso antes de hablar de embarazo.

¡Bendiciones!
Adriana





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