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¿Por qué no mejoro si me cuido?: Una mirada diferente sobre la enfermedad

  • 12 dic 2025
  • 4 Min. de lectura

Por qué no mejoro es lo que todos nos hemos preguntado alguna vez.


Quizás sea porque te han contado que el origen de la enfermedad está donde en verdad no está. Por eso hoy se vuelve necesario —y hasta urgente— atreverte a cuestionar todo lo que has creído verdadero hasta ahora sobre la salud: qué es, cómo se pierde y cómo se recupera.


La realidad es bastante más simple de lo que parece.Y sobre todo, es más pacífica.

Porque lo verdaderamente cierto es que la enfermedad está en tus manos…y también lo está la posibilidad de transformarla. Cuando digo esto, muchas veces escucho la misma respuesta:“Si fuera así, seríamos inmortales y nadie se enfermaría”.


Y ahí es donde hace falta detenerse y comprender de qué estamos hablando realmente.


Comprender no es prometer inmortalidad


Entender cómo se fabricó un síntoma no garantiza una curación automática.Pero sí devuelve algo fundamental: el control consciente sobre lo que estás viviendo.


Resolver o no una enfermedad depende de muchos factores:


  • la apertura real a mirarte,

  • la disposición a cuestionar creencias profundas,

  • la valentía de cambiar formas de vivir, de pensar o de relacionarte.


Y sí, a veces eso confronta con decisiones que no quieres tomar. Y está bien.

Incluso cuando no hay “curación”, sigues estando en control.

Porque ya no estás a ciegas ni a merced del miedo.

También es cierto que algún día todos partiremos de esta vida. No hay terapia ni enfoque que “baje ese avión”.


La pregunta no es si despega, sino cómo llegas tú a ese vuelo y qué respuestas llevas en la maleta.


morir en paz

Miedo o confianza: eso también es una elección


Puedes llegar asustada, resentida con tu cuerpo y con la vida. O puedes llegar confiada, curiosa, en paz con lo que fue.

El vuelo saldrá igual. Pero la experiencia es completamente distinta según lo que elijas hoy.

Cada decisión presente va llenando tu maleta: miedo o sabiduría, desesperación o confianza. Yo ya elegí qué quiero llevar conmigo hasta llegar a mi asiento.


La enfermedad no es lo que te contaron


Decir que la enfermedad no existe tal como nos la han explicado puede sonar revolucionario.Y en cierto punto, lo es.


Las verdaderas revoluciones de estos tiempos no son violentas: son contra la manipulación, el miedo y el engaño. Y la salud es un terreno especialmente sensible, porque el miedo se contagia más rápido que cualquier virus.


Déjame preguntarte algo:


  • ¿Cómo vivirías si realmente perdieras el miedo a morir?

  • ¿Qué pensamientos tendrías si te diera igual partir ahora o dentro de cincuenta años?

  • ¿Cómo experimentarías tus días si dejaras de repetirte cada mañana el relato de enfermedad y limitación?


El alivio no siempre es sanación


Durante años nos han enseñado que tomando ciertas medicaciones vamos a “sentirnos mejor”, y muchas veces es cierto: alivian, sostienen, estabilizan.


La medicina ha sido —y sigue siendo— extraordinaria para salvar vidas y atravesar crisis agudas. Pero rara vez se pregunta por el sentido profundo del síntoma y cuando el único horizonte es el alivio, es fácil creer que la cura no existe.


Así se acepta vivir en un círculo de: síntoma → alivio → síntoma → más alivio.


Pero ¿realmente te sientes mejor? ¿Durante cuánto tiempo? ¿A qué costo físico, emocional o vital?


El amor no se compra.Y la salud verdadera tampoco.

Lo que sí se compra es alivio: regulado y necesario muchas veces; pero no definitivo.


La enfermedad como adaptación


La enfermedad es una adaptación inteligente del cuerpo.


la enfermedad es una adaptación

Algo se modificó:

  • un movimiento,

  • una función,

  • la sangre,

  • un órgano,

  • la química interna.

Eso es un hecho observable.


La pregunta real no es qué se rompió, sino para qué fue necesario ese cambio.

Mientras sigas viendo el síntoma como una falla inevitable,no se te ocurrirá buscar su sentido.


Entonces aparecen las explicaciones circulares:


  • “es la edad”

  • “es hereditario”

  • “te tocó”

  • “es crónico”


Y en ese espiral descendente solo quedan frustración, síntomas persistentes o nuevos diagnósticos.


Cuando haces todo “bien” y no mejoras


¿Te cuidas?¿Comes mejor, haces ejercicio, sigues indicaciones médicas…y aun así no terminas de resolver nada? ¿Ya apareció la palabra crónico?


Lo lamento profundamente. Yo viví algo muy similar en mi infancia con asma crónica.

Agradezco a cada médico que me ayudó a respirar. La tecnología médica es asombrosa.

Pero el paradigma es incompleto. Porque la causa real no se está abordando.


No mejoras porque no estás tratando con la causa profunda, y punto.Todo lo demás suma, acompaña, sostiene…pero no erradica el origen. Solo sabrás que la causa fue resuelta cuando el síntoma ya no tenga razón de existir. Y lo que no tiene sentido, simplemente deja de estar.


Sanar no es magia, es honestidad amorosa


¿Suena radical? Tal vez. Y quizá ya era hora de permitirte lo radical: lo verdadero.

No es magia. Es amor hacia ti misma.

Requiere tiempo, compromiso y una búsqueda honesta de aquello que sigue sin resolverse en tu corazón. Eso que fue guardado, silenciado, postergado.

Cuando sale a la luz, cuando se perdona y se libera, deja de doler.

Cuando esto sucede el cuerpo ya no necesita hacer espacio para cargarlo.


En síntesis


Si haces todo y no mejoras, no es porque estés fallando.

Es porque aún no estás conectando con la causa real de tu dolencia.

Cuando empiezas a acercarte a ella, el cuerpo —siempre honesto— te lo hará saber.


Si este texto te resonó, puedes dejarme tus consultas.Y si conoces a alguien que necesita un sacudón amoroso para animarse a un camino complementario o diferente, comparte este espacio.


Cada uno lo define en su interior.



 
 
 

1 comentario

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Invitado
13 dic 2025
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Hay mucha verdad ahi. Éxitos


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